Manan Los Ojuelos

La alcaldesa de Villarrubia de los Ojos se compromete a su conservación.

Tres años con Guadiana

Las amenazas que frenan su recuperación.

TD.

El Guadiana en las inmediaciones del Molino de Griñón

Por tercer año consecutivo las descargas de agua subterránea en el Guadiana alimentan al Parque Nacional de Las Tablas de Daimiel. Gracias a ello, el parque sobrevive a dos años hidrológicos extremadamente secos: 283 litros caídos en 2014/15 y 268 en 2013/14 (Fuente: daimiel.es). En la actualidad, el charco más próximo a los Ojos del Guadiana se ubica (río abajo) a 400 metros del antiguo nacimiento. Afloró en abril de 2013. Su superficie se ha reducido notablemente pero sigue aguantando como símbolo de la recuperación. Cuatro kilómetros al oeste, al pie del antiguo molino harinero de Zuacorta, nos hemos acostumbrado a ver la zona con agua. Sin embargo, la buena noticia de un Guadiana vivo, aunque no del todo recuperado, se enturbia por las amenazas que se ciernen sobre el futuro del río.
Un Plan de futuro para Daimiel

La oportunidad de convertir a Daimiel en un referente turístico de interior está al alcance. La protección de las vías pecuarias brinda la ocasión para unir Las Tablas de Daimiel con la localidad.

Daimiel puede representar un excelente plan de viaje. Un destino con propuestas sencillas, complementarias y abiertas a todos los públicos que, por extensión, redundaría en la economía de la zona. Una oportunidad única de progreso al alcance de la mano. Se trata de explotar las sinergias que entran en juego en torno al turismo, sirviéndonos de las herramientas que nos brinda la legislación y que actualmente no están suficientemente aprovechadas.

Las últimas cifras aportadas por el Ayuntamiento de Daimiel en la pasada Feria Internacional del Turismo (FITUR) reflejan el talón de Aquiles del turismo de Daimiel. De los 180.000 visitantes que tuvo el parque nacional en 2015, sólo 25.000 pasaron por las oficinas de turismo municipales. Un 13,8%. Si consideramos que, además, una de estas oficinas está situada en Las Tablas y se lleva más de la mitad de las visitas, el porcentaje de las que lo hacen a la localidad se queda lejos de alcanzar siquiera el 10%. Además, los datos recogidos de la oficina junto al centro de visitantes del humedal son engañosos, no se pueden incluir directamente en las alforjas daimieleñas, ya que ese puesto se comparte con el ayuntamiento de Villarrubia de los Ojos.

Los cifras revelan, por tanto, un desequilibrio sobresaliente respecto al caudal de público registrado en el parque nacional y perpetúan la desazón presente en las sucesivas administraciones municipales, incapaces tras más de cuatro décadas de dar con la fórmula que inyecte en el GPS de los turistas el destino Daimiel como visita obligada. La buena noticia es que el margen de crecimiento es grande. En un contexto económico adverso, duplicar estas cifras sería una fuente de ingresos para la localidad muy necesaria ¿Cómo hacerlo? Para construir esa respuesta habría que hacerse una pregunta previa ¿nos estaremos equivocando yendo durante tantos años a buscar a los visitantes al parque una vez que lo han visitado y con su plan de viaje ya decidido? 

Un parque masificado

Las Tablas de Daimiel es el parque nacional más pequeño de la red. Ofrece un único acceso al que se llega rápidamente en coche, y todos los servicios se concentran en la zona de aparcamiento que está alejada de las poblaciones del entorno. La consecuencia es doble. Por un lado se genera masificación y contaminación acústica enemiga de la conservación del parque y de la calidad de la visita; por otro, se desincentiva la visita a los pueblos cercanos que ven pasar a los visitantes sin aprovecharse de este flujo.

Existen ejemplos de cómo otros parques nacionales han resuelto con eficacia el problema. En Torla, en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, existe un servicio de transportes con salida en la localidad que conduce hasta el aparcamiento de La Pradera de Ordesa, inicio de los senderos que se adentran en el parque. En temporada alta, sólo se puede acceder en autobús. La obligación de dejar el coche en Torla regula el flujo creciendo el número de visitas al municipio. Lo mismo ha ocurrido en Boí, en el Parque Nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici, donde vehículos autorizados de la localidad trasladan a los visitantes hasta el inicio de los itinerarios en Planell de Aigüestortes. Por supuesto, siempre está la opción de trasladarse a pie o en un vehículo no motorizado.